Título: Así operaba la primera célula de la Mocro Mafia localizada en Galicia
Contenido reformulado: A lo largo de los años siguientes, se identificaron otros movimientos, sin embargo, la primera gran aparición de la Mocro Mafia, la organización delictiva compuesta en su mayor parte por individuos de origen magrebí con pasaporte neerlandés, se produjo en el puerto de Marín, en Galicia, antes de que se desatara la pandemia.
Específicamente, en noviembre de 2019, la Guardia Civil, mediante la Unidad Central Operativa, centró su atención en una célula que se encargaba de introducir alijos de cocaína a través de la dársena de la ría de Pontevedra. Finalmente, lograron capturarlos.
Ahora, meses después de la condena de nueve de sus miembros, la sala de Apelación de la Audiencia Nacional avala de manera detallada el fallo, respaldando la actuación de los agentes encubiertos, quienes resultaron fundamentales para la operación, además de validar las intervenciones telefónicas y las geolocalizaciones, ambas medidas cuestionadas por las defensas en sus recursos y esenciales en este tipo de investigaciones. Asimismo, el tribunal desestimó otras alegaciones, como una supuesta falta de motivación en la sentencia o la inexistencia de una organización criminal.
La sala desestimó, en un extenso articulado, todos los argumentos presentados por los abogados de los condenados. Por lo tanto, se mantienen las penas de 10 años de prisión y una multa de 70 millones de euros para los nueve miembros de la organización, la cual introdujo en España más de 1,6 toneladas de cocaína, no solo a través de Marín, sino también por Valencia.
El tribunal consideró a nueve de los acusados (había una absolución) responsables de al menos cuatro alijos: dos en el Puerto de Marín, de 663 y 156 kilos, en noviembre de 2019 y marzo de 2020, y otros dos en Valencia de 601 y 223 kilos, en marzo y mayo de 2020, todos con un valor que supera los 61 millones de euros. El supuesto líder del entramado, como es habitual en estos casos, logró evadir la captura.
La sustancia estupefaciente llegaba a España en contenedores, ocultándose mediante diversas modalidades, tales como plátanos, alubias o componentes de helicóptero.
Los integrantes del grupo delictivo intentaron aprovechar sus recursos para establecer contacto con los agentes encubiertos de la Guardia Civil, quienes estaban destinados al inicio en el Puerto de Marín, donde se esperaba la llegada de los primeros barcos con los contenedores que transportaban la droga.
La organización proponía a los agentes una compensación con una parte de la droga introducida o con diferentes sumas a cambio de su asistencia en la logística para las operaciones de narcotráfico.
La Sala examina la actuación de los agentes encubiertos que simularon colaborar con la organización criminal y rechaza de manera categórica cualquier conducta irregular por parte de estos, cuya actuación contaba con la autorización de los órganos judiciales competentes.
Las defensas sugirieron la posibilidad de que hubiera un delito provocado, una alternativa que la Audiencia Nacional desestimó de forma tajante. La resolución no es firme, ya que puede ser objeto de un nuevo recurso, esta vez ante el Tribunal Supremo.
