Título: Marset, el paradigma del capo de la droga de última generación
Contenido reformulado: Sebastián Enrique Marset Cabrera es un individuo cuya trayectoria dentro del narcotráfico internacional parece extraída de un filme que podría postularse para un Óscar. Su relato entrelaza ambición, redes criminales globales y una prolongada evasión de la justicia que lo convirtió, durante años, en uno de los delincuentes más buscados de América Latina.
El viernes 13 de marzo, fue detenido en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia, considerada la capital económica del país. Durante un extenso periodo, había sido visto como un objetivo primordial tanto para la Administración de Control de Drogas de Estados Unidos como para diversas fuerzas policiales sudamericanas, dado que se le atribuía un rol esencial en el tráfico internacional de cocaína. Desde la reconocida Triple Frontera —la zona donde se encuentran Paraguay, Brasil y Argentina— Marset habría dirigido una intrincada red de tráfico de drogas que operaba entre Sudamérica y Europa.
El narcotraficante uruguayo transitó durante años entre Brasil, Paraguay y Bolivia sin ser capturado, consolidando su organización criminal y expandiendo su red de contactos. Su detención no solo representa un golpe para su propia estructura, sino que también generó inquietud entre otras organizaciones criminales internacionales que mantenían vínculos con él.
De hecho, tras su arresto, circularon mensajes en redes sociales atribuidos a miembros de diferentes cárteles mexicanos expresando su pesar por su captura, lo que evidencia la magnitud de las relaciones que había establecido en el ámbito del narcotráfico. Algunos de esos mensajes provenían de individuos relacionados con el antiguo Cártel de Juárez, quienes manifestaron públicamente su apoyo y la esperanza de reencontrarse con él tras su paso por prisión.
La red de contactos que Marset había edificado durante más de diez años era tan extensa que numerosos analistas lo compararon con las grandes figuras históricas del narcotráfico. El propio Marset parecía considerarse a sí mismo al mismo nivel que personajes como Pablo Escobar o Roberto Suárez Gómez, el histórico rey de la cocaína en Bolivia. Esta percepción se evidenció en un cuadro hallado en la vivienda donde residía en Santa Cruz de la Sierra.
En la ilustración, Marset aparece sentado en una mesa junto a figuras icónicas del mundo del narcotráfico y del imaginario criminal, entre las que se encuentran Tony Montana, Pablo Escobar, Roberto Suárez Gómez y Joaquín "El Chapo" Guzmán. Encargar una obra de tal índole sugiere no solo una fuerte autopercepción de poder, sino también una clara intención de posicionarse dentro de la mitología del narcotráfico internacional.
La notoriedad de Marset también se vio incrementada por su presencia pública. Durante años, concedió entrevistas y realizó apariciones que captaron la atención de diversas agencias policiales que ya lo estaban investigando. Finalmente fue extraditado a Estados Unidos, donde era buscado por delitos vinculados al blanqueo de capitales. Aunque Paraguay y Bolivia también lo reclamaban por narcotráfico, la justicia estadounidense logró adelantar su proceso de extradición.
Durante años, Marset fue noticia en medios de comunicación de Paraguay y Uruguay, pero uno de los momentos que más contribuyó a aumentar su notoriedad fue la difusión de un vídeo en octubre pasado, donde se le veía rodeado por más de una decena de hombres encapuchados y armados hasta los dientes.
En esas imágenes se podían observar armas de tipo militar y una bandera del Primeiro Comando da Capital (PCC), una de las organizaciones criminales más influyentes de Brasil y pieza clave en las rutas de tráfico de cocaína hacia Europa. En el vídeo, amenazaba a un antiguo socio con quien había tenido diferencias.
La vinculación entre Marset y el PCC tenía raíces profundas. El narcotraficante uruguayo estableció contacto con miembros de esta organización durante su primer período en prisión. En 2012, fue condenado por su participación en el transporte de marihuana en avionetas desde Paraguay. En ese caso, también fue arrestado Juan Domingo Viveros Cartes, tío del expresidente paraguayo Horacio Cartes, quien pilotaba la aeronave utilizada para el transporte de droga.
Marset estuvo encarcelado desde 2013 hasta 2018 en el penal de La Libertad, al oeste de Montevideo. Ese tiempo en prisión resultó crucial para su futuro, ya que allí entabló relaciones con miembros del PCC y con representantes de otras organizaciones criminales internacionales que posteriormente facilitarían su ascenso dentro del crimen organizado.
Tras su liberación, Marset comenzó a desplazarse con frecuencia entre Paraguay, Bolivia y Brasil. Desde estos territorios, según diversas investigaciones policiales, comenzó a organizar envíos de cocaína hacia Europa utilizando los métodos habituales. Su organización creció tan rápidamente que el volumen de dinero generado comenzó a plantear complicaciones para su blanqueo. Para ocultar el origen ilícito de sus ingresos, el narcotraficante realizó inversiones en diferentes sectores, incluyendo la compra de equipos de fútbol y la adquisición de varios negocios que operaban como estructuras para el lavado de dinero.
Además de su relación con el PCC, Marset estableció vínculos con la ‘Ndrangheta, una de las organizaciones criminales más poderosas en el tráfico de cocaína hacia Europa, dado que los calabreses son considerados socios muy fiables para un negocio de tal envergadura. Estas conexiones eran especialmente valiosas, ya que garantizaban la distribución de la droga una vez que llegaba al continente europeo. Gracias a estas alianzas, los cargamentos de cocaína provenientes de Sudamérica alcanzaban puertos estratégicos como Amberes, Róterdam y diversos puertos portugueses. Desde allí, la droga se distribuía a varios países europeos, incluyendo España.
El éxito de Marset en el narcotráfico se debió en gran medida a su habilidad para actuar como intermediario entre diversos actores del mundo criminal. Por un lado, mantenía contactos con proveedores de cocaína en países productores de Sudamérica; por otro, establecía alianzas con organizaciones que controlaban las rutas de transporte y la distribución final en Europa. Este perfil de 'narco de nueva generación', capaz de coordinar complejas redes internacionales, le permitió expandir su influencia de manera rápida.
Con el crecimiento de su organización, también aumentaron sus vínculos con estructuras de corrupción. Investigaciones policiales señalaron que el narcotraficante habría construido una red de protección compuesta por funcionarios, policías y políticos en varios países, incluyendo Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia. En Bolivia, se sospechaba que disfrutaba de una considerable libertad de movimiento gracias a los sobornos y a las relaciones que había establecido con diversos actores locales. Así lo denunció tras su arresto el ministro de Gobierno de Bolivia, quien aseguró que contaba con la protección del ejecutivo anterior al suyo.
A pesar de la magnitud de su red criminal, la captura de Marset demuestra que incluso las organizaciones más poderosas pueden ser desmanteladas por la acción coordinada de las fuerzas de seguridad. Su detención también tuvo repercusiones directas en su entorno familiar. Su esposa, Gianina García Troche, fue detenida en 2024 en el aeropuerto de Barajas a solicitud de Paraguay, acusada de delitos vinculados al blanqueo de capitales y al narcotráfico. Posteriormente, fue extraditada en mayo de 2025.
La detención de su esposa impactó profundamente a Marset, quien interpretó este acontecimiento como un ataque directo contra su organización. En este contexto, también surgieron sospechas sobre su posible implicación en el asesinato del fiscal paraguayo Marcelo Pecci en 2022, un crimen que conmocionó a la región y evidenció el poder y la violencia asociados al narcotráfico en América Latina. El presidente colombiano, Gustavo Petro, insinuó en las últimas horas que Marset logró infiltrarse en la Fiscalía de su país para eliminar cualquier rastro de su posible participación en la esfera intelectual de este crimen.
Título: Marset, el paradigma del capo de la droga de última generación
Contenido reformulado: En síntesis, la figura de Sebastián Marset ejemplifica de manera clara la evolución que ha experimentado el narcotráfico en el siglo XXI. A diferencia de los capos del pasado que operaban principalmente a nivel local o nacional, Marset estableció una red transnacional fundamentada en alianzas estratégicas con diversas organizaciones criminales.
Su conexión con el PCC brasileño, sus relaciones con la ‘Ndrangheta italiana y sus contactos con cárteles mexicanos evidencian cómo el narcotráfico contemporáneo opera como una red globalizada, donde distintos grupos colaboran para maximizar sus beneficios y minimizar riesgos. No obstante, su caída también ilustra que la cooperación internacional entre agencias policiales y judiciales puede debilitar incluso las estructuras criminales más complejas. Aunque su captura no implica el final del narcotráfico, sí representa un golpe considerable contra una de las redes más influyentes que han operado entre América Latina y Europa en los últimos años.
«La búsqueda ha llegado a su fin. Esta semana, las autoridades bolivianas arrestaron a Sebastián Enrique Marset Cabrera y lo entregaron a agentes de la DEA, quienes lo escoltaron a Estados Unidos tras su expulsión de Bolivia». Así lo comunicó la Administración para el Control de Drogas respecto a los acontecimientos. «Catalogado como un ‘Pablo Escobar de la era moderna’, Marset se enfrentará a la justicia en Estados Unidos por los delitos que se le imputan».
Terrance Cole, director de la DEA, recordó que «hace casi un año, la DEA incluyó a Sebastián Marset en su lista de fugitivos más buscados, con el firme compromiso de perseguirlo incansablemente y desmantelar su organización de narcotráfico. Hoy, agentes de la DEA han escoltado a Marset hacia Estados Unidos, donde deberá responder a cargos relacionados con el tráfico de cocaína y el lavado de dinero. Este arresto constituye un avance significativo hacia una América más segura. La DEA se concentra en desarticular organizaciones criminales transnacionales y en fortalecer la seguridad nacional al perseguir a narcotraficantes en todos los niveles, incluyendo a los líderes responsables del tráfico de drogas y de las ganancias ilícitas que cruzan fronteras, además de utilizar la violencia y el asesinato para potenciar sus operaciones globales. Las acciones de este fin de semana reflejan el compromiso de los hombres y mujeres de la DEA y el poder de las alianzas sólidas. Agradecemos la colaboración de las fuerzas del orden bolivianas en la captura de Marset».
