Título: Marbella 2.0: zulos a seis minutos de la playa y armamento 'made in USA' para los narcotraficantes
Contenido reformulado: La salvaguarda de la droga constituye un aspecto esencial para cualquier agrupación delictiva dedicada al narcotráfico que aspire a perdurar en el tiempo, y esto era una máxima en una de las muchas organizaciones que operan en la Costa del Sol, que ha acaparado la atención nacional e internacional esta semana. Todo ello a raíz del hallazgo de un zulo destinado a almacenar varias toneladas de cocaína en el bosque Ricmar, adyacente a la urbanización del mismo nombre en Marbella, lo que revela una realidad que se volverá cada vez más común en el crimen organizado en España.
Los gastos asociados al traslado de la cocaína para ciertos grupos delictivos les llevan a reflexionar detenidamente antes de iniciar el movimiento de la droga desde su lugar de almacenamiento. En el caso reciente de Marbella, la organización escondía la cocaína en una playa de las Chapas, un punto que se está convirtiendo en habitual para esta actividad delictiva.
A pesar de que no es la forma más común de introducir cocaína en España, las playas de la provincia de Málaga han sido utilizadas durante un tiempo para estas actividades, donde incluso se han registrado escenas a plena luz del día, como las que ocurrieron el pasado verano en Casares, de las que dieron cuenta fuentes judiciales. Fue durante una tarde a finales de agosto, específicamente el día 30, cuando se empleó la Playa Ancha para llevar a cabo estas labores.
Los narcotraficantes realizaron el alijo con gran tranquilidad y descargaron varios fardos. Muchos de los presentes, ciudadanos comunes, no tenían idea de lo que estaba sucediendo, ya que la narcolancha utilizada para estas tareas no era la típica. El clan que operó aquella tarde en Casares había adquirido una embarcación rápida en Galicia, proveniente de uno de los distribuidores más destacados y que siempre ha estado bajo la vigilancia de las autoridades, con apariencia de embarcación recreativa. Allí, todo parecía legal, pero los compradores “olvidaron” cumplir con los requisitos administrativos pertinentes.
Estos alijos de cocaína han sido recurrentes, especialmente en la Costa del Sol, desde Manilva hasta Marbella, principalmente debido a la configuración de la costa, que ofrece numerosos accesos rápidos a la autovía A-7, la principal vía de comunicación del Mediterráneo por la que circulan cientos de miles de vehículos diariamente.
En el caso específico de Marbella, desde que la droga alcanzaba la costa española hasta su depósito en el zulo no se requerían más de 6 minutos en automóvil. Un tiempo más que razonable para evitar complicaciones, dado que es fundamental considerar el razonamiento de un narcotraficante que maneja mercancías valoradas en millones de euros. Menor exposición en la vía pública implica menos riesgos. Con esta lógica operan, y en solo 6 minutos trasladan su activo principal a un lugar donde nadie sospecharía a menos que se esté llevando a cabo una vigilancia policial, como efectivamente ocurrió.
Para localizar el sitio, la Policía Nacional realizó un seguimiento a los individuos que habían estado involucrados en el alijo poco antes en la playa de las Chapas. Lo más significativo es que se encontraron con un intento de robo de esa droga que acababa de llegar a la Costa del Sol, mientras se disponían a caminar por un sendero en el bosque.
Como es habitual, el grupo, compuesto por al menos dos personas que pretendían sustraer la cocaína, portaba chalecos policiales y armamento de guerra con subfusiles. Estos individuos, cuyo objetivo era robar la droga a la organización criminal, estaban agrediendo a un tercero que se presume conocía el paradero del zulo.
Afortunadamente para el individuo que gestionaba la custodia del zulo, fue detenido previamente por la Policía, que terminó involucrándose en un tiroteo con los otros narcotraficantes que intentaban arrebatarle los 1.056 kilos de cocaína recién llegados a Málaga.
Cabe destacar que los fardos eran 30, y por su apariencia, se dedujo que habían llegado a Málaga a través de narcolanchas. La incógnita persiste sobre cómo alcanzaron las costas españolas, y sólo existen dos posibilidades: mediante mercantes o narcosubmarinos. Desde algún buque nodriza, esos fardos debieron ser transferidos a la “goma”, y esto podría haberse realizado de diversas maneras. Teniendo en cuenta la cantidad de semisumergibles detectados en los últimos dos años, no resulta descabellado pensar que se están llevando a cabo estas operaciones marítimas en el mar de Alborán.
Junto con la incautación de la cocaína, se requisó el habitual AK-47, así como un subfusil UZI y un AR-15, un fusil de asalto muy común en los arsenales de carteles mexicanos, ya que allí se introduce desde Estados Unidos, pero en España resulta relativamente sorprendente encontrarlo en manos de narcotraficantes encargados de proteger cocaína. Esto es una mala señal, ya que evidencia que los traficantes de armas están logrando introducir un armamento diverso para ofrecer mayor potencia de fuego al clan del narcotraficante que esté dispuesto a pagar más.
La Policía descubrió que todo el trayecto dentro del bosque hasta el lugar donde se ubicaba el zulo para la droga estaba vigilado por cámaras, otra prueba de que la confianza en el crimen se encuentra en un estado incierto. Aun así, los clanes deben contar con personas en quienes confiar ciegamente si desean continuar en el negocio.
Para la preparación del zulo, necesitaron albañiles de confianza, algo que se está volviendo cada vez más común para crear localizaciones inaccesibles. Porque los zulos no solo se están utilizando para almacenar droga, sino también armas. De ahí que se observaran fusiles de asalto bastante deteriorados en la segunda fase de esta operación policial con derivación en Algeciras, donde se confiscó un arsenal que incluía 19 fusiles de asalto tipo Kalashnikov. Todo indica que estaban resguardados en un sitio diseñado para permanecer ocultos durante un tiempo prolongado sin suscitar sospechas, y sin un mantenimiento adecuado para el tipo de armamento.
Todo esto también refleja un fenómeno cada vez más habitual dentro del narcotráfico: el incremento de robos entre organizaciones criminales está elevando los costos. Los robos de cargamentos se están incrementando, lo que obliga a los propietarios de la droga a tomar precauciones adicionales. Ya no es suficiente con transportar la droga hasta la costa; ahora también es necesario protegerla con hombres armados, ocultarla en zulos sofisticados y moverla con rapidez para evitar que otras bandas la localicen.
Cada kilogramo almacenado conlleva la necesidad de más vigilantes, más armamento, más vehículos y más intermediarios de confianza. Este aumento en los gastos logísticos reduce el margen de beneficio y genera tensiones internas, pero al mismo tiempo impulsa una carrera armamentística entre organizaciones. Por ello, es cada vez más común encontrar arsenales significativos en este tipo de intervenciones policiales, y es probable que aparezcan más armas sorprendentes en el futuro.
