Título: La historia del New Polar: una ruta de la cocaína entre Uruguay y Galicia
El manejo de fuentes resulta siempre complicado para los integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, quienes, sin embargo, no pueden prescindir de ellas, dado que representan una valiosa fuente de información para sus pesquisas. En numerosas ocasiones, esas fuentes, reclutadas porque en algún momento estuvieron al margen de la ley, no cumplen con los acuerdos establecidos. Por el contrario, se aprovechan de su condición para dedicarse al tráfico. Esto fue lo que ocurrió en el caso del New Polar, que fue registrado en 2019 a su llegada al puerto de Cangas do Morrazo.
La embarcación pesquera, que había sido recientemente reformada para incrementar su eslora y capacidad operativa, realizaba en aquel entonces de manera habitual la ruta marítima entre Montevideo, la capital de Uruguay, y Cangas, en la provincia de Pontevedra. Aprovechando las mareas, una organización criminal que se había infiltrado en la tripulación introducía grandes cargamentos de cocaína sudamericana en Galicia.
La Unidad Central Operativa estaba al tanto de esta situación, ya que contaba con un confidente entre aquellos infiltrados. Sin embargo, en un determinado momento, ese supuesto confidente, uno de los cocineros del barco pesquero, decidió jugar a dos bandas y utilizar la información que poseía para intentar apoderarse de un alijo.
Todo lo anterior quedó debidamente acreditado en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Pontevedra, que, aunque no condenó a todos los acusados, sí lo hizo con los tres principales, a saber, el mencionado cocinero-confidente-narcotraficante y dos personas vinculadas a la recepción del cargamento. En lo que respecta a los agentes de la UCO de Madrid, su testimonio resultó completamente incoherente durante la sesión plenaria, lo que generó sorpresa y descontento en el entonces fiscal Antidroga, actualmente fiscal jefe, Pablo Varela, quien optó por solicitar la deducción de testimonio por si hubieran mentido en unos hechos que no quedaron completamente esclarecidos.
En las últimas horas, se ha cerrado la vía de los recursos. La sentencia del Tribunal Supremo ratifica las dos anteriores, la mencionada de la Audiencia pontevedresa y la posterior del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG), que había reducido la pena de uno de los acusados.
El fiscal se refirió en su momento a «sucesivas partidas de cocaína que desde Uruguay traían a España gracias a los contactos que en aquel país mantenían con los proveedores de la sustancia, así como las funciones que desempeñaban los empleados de la cocina del barco pesquero de altura con escala en Uruguay, en el que ocultaban las partidas de cocaína hasta que llegaban a nuestro territorio». Todo esto quedó debidamente acreditado.
Respecto al narco-cocinero, quien «mantenía contactos con agentes de la UCO para proporcionarles información sobre dinámicas similares a las descubiertas pero llevadas a cabo por tripulaciones de otros barcos de pesca», el fiscal señala que «se valía de su aparente colaboración para resguardar su propia actuación personal, llevando a cabo, de manera encubierta, ese mismo tipo de actividad delictiva».
De este modo, el Edoa de Pontevedra (Equipo de Delincuencia Organizada y Antidroga) comenzó a vigilarlo, todo esto tras que su conducta despertase sospechas en la UCO. En primer lugar, se constató una reunión sospechosa en Pontevedra. Posteriormente, los agentes corroboraron los movimientos del supuesto confidente para intentar retirar la droga del New Polar en mayo de 2019, cuando el buque atracó en Cangas, ya bajo estricto control policial.
Finalmente, el cocinero, tras darse cuenta de que le resultaba imposible hacerse con el alijo sin levantar sospechas, intentó salvarse indicando a la UCO el lugar donde ocultaba el cargamento. No obstante, él ignoraba que ya había sido descubierto.
Durante el juicio, que se desarrolló en ocho extensas jornadas seguidas al detalle por este medio, el confidente terminó afirmando, en su turno de última palabra, que trató de advertir a los agentes para los que supuestamente trabajaba, pero que no pudo hacerlo. «Quixen falar con eles xa dende Montevideo para avisarlles da droga que viña no barco, pero non puiden. Tamén tiña medo a que me puidera traicionar, como é evidente que así foi», declaró.
El acusado apuntó directamente a los dos agentes y cuestionó las declaraciones de todos los miembros de la Guardia Civil: «Está claro que uns protexen ós outros. O meu erro foi traballar con Perico (nombre ficticio del agente), porque deixáronme tirado, abandonáronme sen importarlles o que me pasara a min e á miña familia».
Respecto a las declaraciones de los agentes de la UCO, el fiscal cuestionó cada una de sus respuestas, en las cuales no lograron explicar los beneficios que la Guardia Civil obtuvo de su colaboración durante seis años con el confidente. Pablo Varela recordó a uno de ellos que este colaborador había estado desde 2013 ‘trabajando’ con ellos, y le preguntó por los resultados. La respuesta fue bastante genérica.
Otro aspecto que indignó al fiscal fue la ‘amnesia’ que mostró ante el tribunal el guardia cuando le preguntaron sobre cuestiones tan concretas como qué aportaba el confidente al grupo criminal. La respuesta del miembro de la UCO fue un silencio sospechoso.
Un elemento adicional que generó reflexión se reveló durante la declaración del otro funcionario de la UCO involucrado en el caso, quien mencionó que en el año 2013, en la Comandancia de la Guardia Civil de Pontevedra, se tomó declaración a la esposa del narco-cocinero, quien se presentó para denunciarle por un presunto caso de violencia de género. Al mismo tiempo, la mujer informó a los agentes que su marido, quien era marinero, «traía de vez en cuando paquetes de cocaína desde Uruguay». Se supo que la denunciante incluso llevó algunas bolsas que habrían sido utilizadas para transportar la droga. Y hasta seis años después, en 2019, esta persona no sería detenida.
Desde el año 2013, cuando el ahora condenado comenzó a desempeñarse como confidente de la Guardia Civil y, en concreto, de la UCO, el encausado se jactaba de introducir droga en cada marea, es decir, en cada viaje que realizaba desde Montevideo a bordo del New Polar. Sin embargo, los agentes no le creyeron. En el juicio, el cocinero aseguró que en el caso de 2019 recolectó la droga bajo coacción. «Me pusieron una pistola en el pecho», aseguró durante el juicio.
En lo que respecta a las penas definitivas, se establecieron cuatro años de prisión para el confidente, quien confesó los hechos, lo que le permitió beneficiarse de una atenuante muy cualificada. Penas más severas, de seis años de cárcel en cada caso, fueron impuestas a la persona que actuaba como enlace de la organización criminal en España y a la que tenía la misión de recepcionar la droga. La presente sentencia del Supremo ya no admite recurso alguno.
