Título: 2011-2016: Los alijos del Cártel de Los Soles y el regreso de Sito Miñanco
Contenido completo: Nos situamos en el año 2011. La cocaína continuó su entrada en España a través de Galicia, pero los éxitos de las operaciones Tabaiba y Giga impactaron considerablemente en la infraestructura de los clanes que dominaban su introducción por medio de la ría de Arousa. No obstante, al otro lado del Atlántico, no pensaban en detenerse, especialmente en Venezuela.
Este país, al compás del ritmo dictado por los generales corruptos del chavismo que se enriquecían como lanzadera de la droga de las FARC y el ELN, comenzó a despachar embarcaciones fluviales o en mal estado que, partiendo del Delta del Orinoco, se acercaban a Galicia para entregar la droga a lanchas rápidas. El primer caso conocido fue el del San Miguel, que sirvió para procesar (sin éxito, ya que acabaron absueltos) a los dos grandes presuntos mirlos blancos del narcotráfico de las Rías Baixas, Costiña y El Pastelero, pero muchos otros, como el Pacífico y posteriormente el Riptide, siguieron un recorrido similar, estableciendo relaciones estrechas entre algunos de los líderes del narcotráfico en Galicia, quienes habían asumido el relevo de los antiguos clanes, y los sudamericanos.
Resulta igualmente importante la acción policial que permitió descubrir las actividades del sargento de la Guardia Civil de Corcubión, quien dominaba A Costa da Morte al servicio de las organizaciones que enviaban droga en mercantes.
En la última etapa de este quinquenio, alrededor del año 2016, se produjo una noticia que transformaría el escenario. José Ramón Prado Bugallo, conocido como Sito Miñanco, regresaba al tablero de juego. Se encontraba en régimen de semilibertad y pronto fue identificado en Galicia en compañía de uno de sus hombres de mayor confianza, Fran Pérez Rivas, en actitudes más que sospechosas. En esa misma época, cuando residía oficialmente en Algeciras (donde debía acudir al CIS), comenzó a operar en el entorno de Marbella. Este fue el inicio de la operación Mito.
Regresando al año 2012, los Greco Galicia llevaron a cabo la operación Esparta. En el marco de una investigación que también implicó al conocido capo vilagarciano Manuel Prado López, el sargento de la Guardia Civil de Corcubión fue detenido.
La organización, que operaba desde Madrid a instancias de un grupo cercano a los hermanos Vélez (un conocido cártel colombiano), incluía la introducción de un alijo de alrededor de tres toneladas de cocaína que viajaron a bordo de un mercante y que iban a ser trasladadas a la Costa da Morte para su posterior distribución en España. La operación resultó en la detención de 33 personas en Galicia, Madrid, Cádiz y Bulgaria (país de origen del mercante SV Nikolay que fue apresado), y sirvió para desmantelar una de las rutas de entrada de cocaína que, en la actualidad, siguen siendo más difíciles de interceptar para los investigadores: la Costa da Morte. La organización conocida como ‘Os Lulús’ continúa siendo, supuestamente, la que domina este negocio. La orografía de la región y la naturaleza de sus habitantes representan un gran obstáculo para los agentes del Greco Galicia.
En esta zona, según las sospechas de los agentes policiales, se están introduciendo alijos en la actualidad por diversas vías, incluyendo una muy mediática: el narcosubmarino.
Sin embargo, la mayor aprehensión de cocaína de la primera parte de la década pasada se produjo en el pesquero pirata Riptide en mayo de 2013. El Greco recurrió a los GEO e incluso a la Armada y al Ejército del Aire para apresar la embarcación, que llegó días más tarde a las Rías Baixas.
El fiscal Antidroga, Luis Uriarte, dirigió un juicio que resultó en la condena de todos los procesados. Entre ellos, destacó el vilagarciano Marcos Vigo, líder del grupo, y sus colaboradores más cercanos: Antonio Carballa y José Luis Viñas Morgade, apodado Manzanita.
La vista oral, que tuvo lugar en la Audiencia Provincial de Pontevedra, también condujo a la condena del enlace de la organización venezolana en Galicia, quien fue arrestado en Santiago de Compostela y contaba con un vecino de la ciudad del Lérez como apoyo.
Un nombre que surgió durante las investigaciones, pero que finalmente logró evitar el procesamiento, fue el de Ramiro Vázquez Roma, quien fue detenido pero finalmente exonerado.
Esta investigación demostró de manera contundente algo que se había apreciado desde años atrás: las conexiones directas entre gallegos y venezolanos para los grandes alijos de cocaína.
Otro operativo que tuvo lugar en el quinquenio 2011-2016 y que involucró a uno de los clanes más destacados de las Rías Baixas fue la operación Kalesa. En este caso, los agentes del Greco siguieron los pasos de Yolanda Charlín, sobrina de Manuel Charlín, hasta un inmueble apartado en las cercanías de Valladolid.
En tierras castellanoleonesas y con el supuesto apoyo de su pareja sentimental, de nacionalidad hondureña, y de otro vilagarciano, contaban con un laboratorio dedicado al procesamiento de heroína que obtenían mediante acuerdos con ciudadanos turcos que, a su vez, la adquirían en Afganistán. Según los investigadores, el destino era el mercado gallego. En total, entre el registro de la vivienda de Fuensaldaña (Valladolid) y el vehículo de Los Charlines que regresaba a Galicia, aparentemente hacia la zona de Cambados, fueron incautados 20 kilos de heroína, otros tanto de morfina y 75 kilos de precursores. Años después de la operación y tras recursos ante el Supremo, la famosa líder de la red, su esposo y su principal colaborador recibieron sentencias que rozaron los siete años de cárcel.
La llegada de la heroína a España sigue teniendo a día de hoy a la provincia de Pontevedra como un escenario clave, tal como lo atestiguan acciones recientes, tanto de los Greco como de la Udyco. La droga llega directamente desde Países Bajos por carretera y, en 2026, las Rías Baixas continúan siendo uno de los principales puntos de entrada y almacenamiento, de los más significativos de la Península Ibérica.
